Vivir cerca de “zonas verdes” mejora nuestra estado de ánimo

Según varios estudios estadounidenses y alemanes, este siglo XXI será el denominado “siglo urbano” y seremos testigos de la mayor migración de la Historia de la Humanidad. Para el año 2050 habrá la sorprendente cantidad de 2.400 millones de personas más en las ciudades. La Humanidad está haciendo el equivalente a construir un área urbana del tamaño de la ciudad de Nueva York cada 9 semanas, una y otra vez. 

Los países en vías de desarrollo tienen una natalidad descontrolada, lo que provoca que en apenas unas décadas sobrepasemos el peligroso límite de población y recursos naturales. Para entonces. ¿Serán estas ciudades lugares aburridos, sin vida o animados, verdes? ¿De qué sirve la naturaleza, de todos modos, en el siglo urbano?

Según este estudio las ciudades necesitarán lo que denominan: economía urbana, salud ambiental y ecología. Las tendencias que se están produciendo en estos tres conceptos sugieren que el siglo XXI necesita de la naturaleza para triunfar.

El primer campo que revisamos fue la economía urbana, que se ha centrado en los beneficios positivos para las personas, las empresas y las sociedades de la vida en los asentamientos urbanos. 

El segundo campo son los estudios de salud ambiental de la sanción urbana. Existe una clara tendencia hacia una mayor prevalencia de algunos trastornos de salud mental en las ciudades. Un estudio en Suecia, de más de 4 millones de adultos, se encontró un aumento significativo en la incidencia de psicosis y depresión entre las poblaciones que viven en densidades más altas en las ciudades que las que viven en áreas más rurales. Existen múltiples vías posibles por las cuales el entorno urbano y su mayor ritmo e interacción pueden aumentar el estrés y la prevalencia de algunos trastornos mentales. Las ciudades crean un entorno local con condiciones ambientales muy diferentes a las que desarrollamos como especie para manejar. Así, en este sentido, el entorno urbano puede resultar sorprendentemente inhumano, al no estar de acuerdo con el diseño y las capacidades de nuestro organismo.

El tercer campo proviene de estudios de salud ambiental sobre los beneficios positivos de la exposición a la naturaleza. El hallazgo central es que interactuar con la naturaleza tiene beneficios para la salud. Esto ocurre a través de múltiples vías. Por ejemplo, los parques y los espacios abiertos pueden ayudar a fomentar la recreación, que puede ayudar a reducir la obesidad. Los árboles pueden ayudar a limpiar y enfriar el aire, mientras que los hábitats naturales pueden reducir el riesgo de inundaciones. 

Hay un número creciente de estudios que muestran un beneficio psicológico de la interacción con la naturaleza. Por ejemplo, un estudio encontró que los residentes de vecindarios con más del 20% de cobertura forestal tenían una incidencia de depresión un 50% menor y un 43% menos de estrés.

Actualmente, solo el 13% de los habitantes urbanos vive en zonas urbanas con más del 20% de cobertura verde. A pesar de nuestro creciente conocimiento científico del valor de la naturaleza para la salud mental, nuestro mundo urbano es mayormente gris.

El primer paso importante es reconocer que la naturaleza en las ciudades no es una mera idea, algo que “es bueno tener”. Más bien, la naturaleza en las ciudades es una forma de contrarrestar el inevitable inconveniente psicológico de una mayor interacción en las ciudades. La naturaleza en las ciudades es una forma de tener los beneficios de un mundo urbano sin dejar de tener una vida más humana y natural. La naturaleza para los habitantes urbanos parece más una característica esencial de un siglo urbano exitoso.

El segundo paso es diseñar activamente para ciudades biofílicas, incorporar la naturaleza en el tejido urbano de nuestros barrios. Afortunadamente, existe un conjunto emergente de mejores prácticas para el diseño biofílico y numerosos ejemplos de proyectos con mucho éxito. Podemos tener un mundo urbano gris y sin vida, o podemos elegir un mundo urbano que sea más verde y vivo.

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  1. Es importante salir de casa y ver “verde” poder mirar al cielo y ver estrellas y para eso no hacen falta estudios que lo demuestren. Las urbes viven, fluyen a toda velocidad en todas direcciones, sobretodo hacia arriba y nos impiden ser lo que somos realmente, seres vivientes del planeta Tierra. Debemos frenar y movernos más despacio crear espacios urbanos más sostenibles y naturales, evitar edificios de más de 4 o 5 plantas promoviendo que entre unos y otros haya distancia que ganemos para el esparcimiento y no para más bloques de hormigón o asfalto. Hay que entenderlo como una inversión de salud y de futuro y no como un gasto.

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