Los posibles diseños de Airbus: aviones de cero emisiones

Hace unos días Airbus presentaba su iniciativa ZEROe mediante la que pretende crear diseñar los primeros aviones comerciales populsados por hidrógeno. El objetivo final es crear una serie de diseños que sean  aviones de cero emisiones y que “tarde o temprano” se conviertan en realidad..

Para ello la compañía aérea ha diseñado tres aviones, que no necesariamente terminarán siendo una realidad. Un turbohélice, un turbofan y un ala volante. 

El primero tendrá un alcance de unos 1.900 kilómetros con espacio para menos de 100 pasajeros; el segundo se aproximará a los 3.800 kilómetros y menos de 200 pasajeros; el tercero tendrá un alcance y capacidad similar aunque con un diseño totalmente diferente que permitiría explorar configuraciones novedosas en cuanto a la cabina de pasajeros y a dónde se almacena el hidrógeno.

Los tres usarán motores convencionales modificados para quemar hidrógeno, aunque Airbus también habla de la posibilidad de aumentar su potencia mediante motores eléctricos alimentados por celdas de combustible que usen el hidrógeno de a bordo para producir electricidad.

Lo importante de todo esto es que Airbus se ha puesto un calendario de cinco años para madurar estas tecnológicas y otros tres años más para definir los conceptos: lo que se traduce en que para el 2035 Airbus quiere tener listos estos aviones. 

La idea de apostar por el hidrógeno se apoya en que la tecnología de las baterías no evoluciona a la velocidad suficiente. Su densidad de almacenamiento de energía sigue siendo muchísimo menor que la de los combustibles fósiles o que la del propio hidrógeno. 

Claro que el hidrógeno también tiene lo suyo: aunque en estado líquido pesa un tercio de lo que el keroseno hace falta cuatro veces más volumen para tener la misma energía almacenada en el avión. Eso exigirá fuselajes más largos y anchos, lo que compromete la aerodinámica, así que habrá que buscar un equilibrio. De hecho por ahora Airbus no habla de aviones de largo radio propulsados por hidrógeno porque no hay dónde meterlo sin hacer un avión descomunal. Almacenarlo a temperaturas criogénicas para que permanezca líquido y distribuirlo por el avión a esas temperaturas tampoco es trivial, aunque en estas dos cosas la experiencia de la industria espacial sin duda será de ayuda.

Pero además de los desafíos tecnológicos le queda convencer no sólo a las aerolíneas sino también a los aeropuertos y proveedores y distribuidores de combustible, que tendrán que incorporar sistemas paralelos de distribución y almacenaje para el hidrógeno.

Fuente: Microsiervos

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